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Primer convocatoria a construir la red de Comunidades Cristianas por la Patria Grande

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Primer convocatoria a construir la red de Comunidades Cristianas por la Patria Grande

Primer convocatoria a construir la red de Comunidades Cristianas por la Patria Grande

El Encuentro Comunidades Cristianas para la Patria Grande, organizado por la Multisectorial 21F, dejó estas primeras reflexiones consensuadas y el llamado a conformar la red del ecumenismo del amor y del pueblo

Latinoamérica atraviesa momentos cruciales donde los pueblos quieren reconstruirse como Patria Grande, pero los imperios siguen empeñados en que seamos su patio trasero. Con gran dolor y preocupación vemos que muchos atropellos se hacen en nombre de Dios  y que utilizan nuestros símbolos religiosos para legitimar la violencia, el racismo y el saqueo.

Hermanados en Cristo nos auto convocamos para reflexionar desde las fuentes y pensar y orar para ser mejores servidores al prójimo y contribuir a la liberación de nuestros pueblos. No tenemos una fe ideológica asociada a un poder terrenal, pero Jesús y sus apóstoles nos han enseñado un modelo de comunidad y cómo construir esa comunidad. Por eso, cristianos de diferentes vertientes nos hemos reencontrado en los Hechos de los Apóstoles, particularmente en el capítulo referido a “La vida en Comunidad”.

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En la comunidad cristiana, los que habían sido bautizados “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles y en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Vivían unidos y lo tenían todo en común; incluso vendían sus posesiones para repartir lo que obtenían entre todos según las necesidades de cada uno. Acudían al templo, celebraban la fracción del pan en las casas, compartían los alimentos con alegría y sencillez y alababan a Dios. Las gentes los veían con buenos ojos y, día a día, aumentaba el numero de los que creían en Jesús y se unían a la comunidad cristiana” (Hechos).

El compromiso cristiano con la justicia social y la dignidad de los pueblos es parte de nuestra historia. Los apóstoles siguiendo a Jesús, fueron capaces de crear comunidades fraternales que desafiaban la opresión del imperio dominante y nos han dejado valiosas lecciones acerca de cómo forjar comunidades a pesar de los imperios que hoy quieren dominarnos.

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a vida en la comunidad cristiana era la de un pueblo nuevo, la de un pueblo liberado, donde la máxima ley era amar al prójimo como a uno mismo y donde los bienes estaban al servicio de la comunidad, a cada uno según sus necesidades. La mayor parte del tiempo Jesús se la pasó enseñando, curando y repartiendo el pan. Estos tres elementos, la educación, la salud y la alimentación eran el servicio gratuito de Jesús a su pueblo que reconocía en ellos su derecho a una vida plena, la dignidad inherente a cada ser humano.

El capitalismo salvaje, en sus versiones neo liberal o neo conservadora,  ha convertido en mercancía y aspira a privatizar todo aquello que Jesús servía gratuitamente al prójimo: educación, salud y alimentación, mientras precariza el trabajo, descarta y excluye. Considera a los seres humanos como un costo o un recurso, cuando en realidad para los cristianos, el ser humano es el actor y el fin de toda actividad económica. Para el capitalismo salvaje, la sociedad gira en torno a la idolatría del dinero, mientas que para los cristianos las sociedades deben tener como fin y centro a las mujeres y los hombres por igual. Ya está escrito en el Evangelio: “no se puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amara a otro, o se apegara a uno y despreciara al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas”. Los cristianos seguimos los pasos de Jesús y no los de la idolatría del dinero. El modelo de comunidades cristianas esta en las antípodas del capitalismo salvaje que auspicia el imperio.

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Sin embargo, asistimos en estos tiempos en Latinoamérica a una mal llamada “Teología de la Prosperidad” – sostenida desde el integrismo evangélico – y a una Teología Fosilizante de legitimación de un orden conservador injusto – avalada desde el integrismo católico – que sirven de coartada para golpes de estado o elecciones fraudulentas con proscripciones y cárcel, en la que surgen gobiernos dóciles a las potencias imperiales que solo persiguen el saqueo de nuestros recursos.

Esas pseudos teologías en la que confluyen fundamentalistas evangélicos e integristas católicos, sostienen valores muy alejados de Jesús: profesan el individualismo; inventan un Dios que estaría para satisfacer caprichos egoístas y hedonistas; nos dicen que los ricos y sanos estarían bendecidos por Dios y los pobres y enfermos habrían sido maldecidos; fomentan la meritocracia según la cual los pobres serían responsables de su pobreza y practican un paradojal ecumenismo del odio en el que cultivan sus fobias contra los pobres y los pueblos originarios, entre otros. Esa pseudo teología  que usurpa nuestros símbolos pretende confundir a los pueblos latinoamericanos que tienen una gran religiosidad popular. La usina desde la cual se falsifica el mensaje de Jesús, brota de las mismas entrañas “del Poder Financiero y la Industria Bélica” del imperio que solo vela por sus negocios, su idolatría del dinero y no le importa el destino de los pueblos, ni de la casa común.

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Los cristianos no podemos ser indiferentes ante esta falsificación, como Jesús no era indiferente en su tiempo  ante las falsificaciones que el Sanedrín hacía del mensaje de Dios. Hoy más que nunca tenemos que participar activamente y seguir los pasos de Jesús. Amar al prójimo como a nosotros mismos, servir a la construcción de comunidades justas, inclusivas y sustentables; mirar al centro desde las periferias y caminar junto a nuestros pueblos por pan, paz y trabajo en la perspectiva general de reconstruir la Patria Grande.

Caminando con el pueblo, podremos superar las barreras y la confusión siguiendo el ejemplo de amor cristiano y humildad de Cristo. Tal como nos enseñó Pablo en el texto de Filipenses, debemos permanecer bien unidos, no haciendo nada por ambición o vanagloria, sino con humildad. No buscando nuestro propio interés, sino el del prójimo. Debemos convertir nuestros corazones para tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Generosidad, humildad y servicio al prójimo son las claves en la construcción de comunidades cristianas que ayuden a la unión nacional y a la reconstrucción de la Patria Grande.

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La abrumadora mayoría de nuestro pueblo profesa la fe cristiana y entre quienes no la profesan hay muchas mujeres y hombres de buena voluntad y sentimientos de amor al prójimo. Nuestro humilde aporte debe ser el despertar de esa profunda religiosidad popular al servicio de comunidades fraternales como la que los apóstoles construyeron siguiendo los pasos de Jesús. Comunidades en las que no falte tierra, techo y trabajo; en la que cuidemos la casa común y la dejemos mejor de lo que la encontramos para las futuras generaciones  y en las que la dignidad humana esté por encima de cualquier falsa idolatría.

La política debería ser la forma más alta de caridad, la manera en que expresamos colectivamente nuestra ocupación y preocupación por el prójimo como a nosotros mismos, conscientes de que nadie se desarrolla plenamente en una comunidad que no se desarrolla. Frente al avance de los imperios sobre Latinoamérica pretendiendo que estemos a su servicio, o siendo pasivamente despojados de nuestros bienes, debemos estar del lado del pueblo que busca reconstruir su Patria Grande y regar dentro de ella nuestra fe y servicio, multiplicando el modelo de comunidades cristianas.

Convocamos a los cristianos y a todas las mujeres y hombres de buen corazón a sumarse a esta red de Comunidades Cristianas por la Patria Grande y a preparar juntos un encuentro federal en marzo del año que viene donde avancemos de Ushuaia a la Quiaca y de la periferia al centro a fin de ir gestando una unidad que nos permita reconstruir la fraternidad entre los seres humanos, con nuestra casa común y con Dios y demos paso a una Patria Grande en la que no falte ni la tierra, ni el techo, ni el trabajo para todos y cada uno de nuestros hermanos.

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Mesa promotora: Nestor MiguezPastor de la Iglesia Evangelica Metodista y Presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangelicas – David Sebastian ArrighiPastor y Fundador del Centro Evangelico Justicialista – Gustavo LegnamePastor Social y Fundador del Frente Justicialista Cristiano – Diego MendietaPastor Pentecostal de la Comunidad Evangélica Fe y Vida – Padre “Toto” de Vediasacerdote de la villa 21-24 – Vladika GorazdObispo para la Argentina y America del Sur de la Iglesia Ortodoxa de Montenegro – Juan Garcia Longhi y Gustavo Veracoordinadores nacionales del Frente Multisectorial 21F.

Para adherir al documento y la red Comunidades Cristianas para la Patria Grande escribí a: cristianospatriagrande@gmail.com

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David Sebastian Arrighi para Política Cristiana


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